Caja de Retiro de las FF.MM.



Historia de vida veterano de Corea

miércoles, 06 de mayo de 2015

“El General Valencia Tovar (Q.E.P.D) es una persona inolvidable, un hombre íntegro, amable y atento. Solo tengo palabras positivas al referirme de este ser humano”. Con esta frase llena de nostalgia y sin poder controlar las lágrimas, el SV (RA) del Ejército Nacional Luis Balbino Garnica, describe al que alguna vez fue su superior en la Guerra de Corea.

Historia de vida veterano de Corea
Ampliar Imagen

Como periodista de la Caja de Retiro de las Fuerzas Militares, empezaré contando este relato como una de las cosas más lindas que me ha pasado en CREMIL, primero porque el hecho de relacionarnos con un combatiente lleno de recuerdos y quien nos compartió sin censura las historias que marcaron su vida, ha hecho que hoy la Caja pueda publicar sus palabras como uno de los tesoros más valiosos del Glorioso Ejército de los colombianos.


Todo comenzó cuando la Caja, dentro de su cronograma de actividades, desarrolló diferentes visitas domiciliarias a varios adultos mayores con el fin de actualizar datos, hacer el registro biométrico y verificar las condiciones de vida en las que se encuentran este grupo de la reserva activa. Sin embargo, este caso fue especial porque cuando llegamos a la casa del afiliado SV (RA) Luis Balbino Garnica, con el cual se tenía una cita programada, encontramos que, la emoción por recibirnos no se hacía esperar.


Apenas se dio cuenta que dentro de la comisión se encontraba el Coronel Jair Guerrero, ex director de la Oficina de Coordinación Militar  y quien era en ese momento el único militar activo uniformado, se acercó a él con el mayor respeto. Quizá el ver el camuflado y sentir nuevamente esa pertenencia que lo mantuvo vivo durante muchos años, causó en el señor Balbino un profundo impacto que fue notorio para todos los que allí estábamos.


La primera impresión que nos llevamos del afiliado de 88 años, es que era un hombre muy serio y directo, que a pesar de su edad, se preocupaba por su presentación personal y por estar pendiente de cada detalle; tanto que había preparado unas gelatinas para refrescarnos mientras empezaba a contarnos su historia. Pero ver a este adulto mayor, aún con la imponente firmeza de un militar, sostener la bandeja que él mismo arreglo y entregarnos el alimento, nos hizo pensar que más allá de un hombre rudo, había un ser humano excepcional que solo los que allí estábamos, podíamos percibir.


La verdad, no teníamos conocimiento que este hombre que teníamos en frente era uno de los veteranos de la guerra de Corea y mucho menos que la sensibilidad que tenía, iba causar en los funcionarios de CREMIL sentimientos de llanto, alegría y orgullo al escuchar cada frase del señor Balbino.


Su esposa, doña Nidia López de Henao y con la quien tuvo 4 hijos, dos hombres y dos mujeres, se encontraba allí a su lado, no solo escuchándolo, sino cuidándolo.


Primero empezó contándonos que ingresó al Ejército el 16 de febrero de 1948 y de manera jocosa nos expresó que era tan joven que lo vio como una gran aventura. De repente, su tono de voz empezó a desquebrajarse cuando recordó ese histórico momento del 21 de mayo de 1953, cuando hizo parte de la Guerra de Corea: “claro que tuve susto, nos enfrentarnos a algo que no sabíamos que estábamos preparados. Allí sentimos que la vida es tan corta y tan valiosa; además estábamos representando a Colombia, nunca se había visto y teníamos una responsabilidad muy grande.”


Cuando se cogió los ojos tratando de limpiar sus lágrimas, nos dimos cuenta que esos recuerdos lo hacían sentir muy importante: “Yo era muy joven y haber tenido el honor de tener como superior al General Valencia Tovar (Q.E.P.D), en ese entonces Capitán, es algo que jamás olvidaré. Una persona caballerosa, respetuosa, fuera y dentro del combate y un hombre muy justo. Cuando viajamos en el Aiken Victory, el barco americano que sirvió de apoyo para que los colombianos partieran hacia Corea, el recorrido fue agotador, pero inolvidable. Salimos desde buenaventura y a los 15 días llegamos a Hawaí, de ahí salimos durante 3 días más hasta llegar a Busan. Allí las cosas fueron muy pesadas, estábamos en un terreno que era como un desierto y nos levantábamos a la madrugada a trabajar en entrenamiento militar, de armas, el objetivo era instruirnos en cada situación que se pudiera presentar”.


Cuando cuenta los relatos, el señor Balbino hace unas pausas porque se llena de sentimiento, llora y trata de recordar cada detalle. Sin embargo, todos lo que integramos la comisión de CREMIL no pudimos dejar de escucharlo, hizo que nuestra atención se enfocara exclusivamente en él, por medio del tono de su voz nos transmitió esas anécdotas que hoy pocos pueden contar, logró que fortaleciéramos ese amor que sentimos por nuestros soldados que fueron personas común y corrientes pero que hicieron un trabajo excepcional.


Pero más sorprendidos quedamos al verlo levantarse y tomar de su baúl de recuerdos un álbum y un cuadro enmarcado con bordes de color rojo, exaltando su arma “la Gloriosa Infantería” donde tenía sus medallas perfectamente embaladas, y que según su esposa, no lo deja tocar de nadie. Con sumo cuidado lo destapo, teniéndonos a la expectativa. En su rostro se veía el orgullo que sentía al poder mostrarle al Coronel Guerrero su más valioso tesoro. “Esta es la historia de mi vida y será la herencia de mi nieta. Una vez yo muera, pasará a sus manos”.


Debo dejar claro que, cada frase, cada gesto expresado por este soldado de la patria, lo hizo con tanta bondad y un orgullo desbordado, que dejo al equipo de CREMIL con un sentimiento de haber hecho una visita domiciliaria con un resultado extraordinario.


Cabe resaltar que manifestó su aprecio por CREMIL, “La Caja me ha protegido cien por ciento. Siempre que solicito algo, me ha apoyado sin ningún problema y con esta visita me honro de saber que aún soy importante”.


Según este veterano, no hace parte de ninguna asociación, solo pertenece a la Caja porque quiere recibir buenas noticias de los que alguna vez, estuvieron lejos de Colombia acompañándolo en esa aventura de la Guerra de Corea.


Aprovechó la oportunidad para enviar un saludo a sus compañeros de batalla y un reconocimiento a la Entidad. “Si la Caja no tuviera esa organización, las cosas no funcionarían igual, solo tengo agradecimiento a todos los colaboradores”.


CREMIL no solo quiere hacer un homenaje a este gran héroe de Colombia por medio de este escrito, quiere agradecer a todos los hombres que han hecho parte de la historia de nuestro país y que aún siguen trabajando para que sus vivencias no pasen al olvido. 


Por: Carolina Quiroga Báez, periodista CREMIL.


 


 


 

[Ver en formato amigable para la impresora]