Caja de Retiro de las FF.MM.



Morgan, el legendario león del Batallón San Mateo

martes, 25 de octubre de 2016

La Caja de Retiro de las Fuerzas Militares trae para todos sus afiliados una historia sacada desde La Perla del Otún, se trata de Morgan, el ilustre León del Batallón de Artillería No. 8 San Mateo.

Morgan, el legendario león del Batallón San Mateo

La historia contada a través de uno de sus protagonistas, el SP (RA) Jairo Gamboa Gamboa, Presidente de Asomir, revive algunos apartes de la confortable estadía del felino procedente del zoológico de Matecaña, en la guarnición militar, quien tras un descuido con la puerta de su jaula sufre un desenlace desafortunado.


Antecedentes Hacia 1967, siendo Comandante del Batallón el Señor Teniente Coronel Humberto Montañez Behar, la Sociedad de Mejoras Publicas y la Junta del Zoológico Matecaña coincidieron en proponer que al lado de la guardia del Batallón se ubicara un felino.


La idea no tardo en volverse una tendencia y fue así que la esposa del Coronel, Doña Lucy Ríos, socializo el tema y concretó la idea para que todos los vecinos del sector y aquellos que circularan habitualmente por la avenida 30 de agosto, especialmente los niños, apreciaran al felino a través de la malla. Para los transeúntes fue toda una novedad, tanto así que durante 14 años fue la sensación del sector, teniendo en cuenta que el felino ingresó al Batallón cuando tenía un año de edad.


La jaula donde vivía tenía unos 30 metros cuadrados, forjada en malla gruesa, piso de cemento rustico y al interior de ella, incluía en uno de los costados, una casita de madera con dos niveles y una poseta a la cual le llegaba agua limpia.


Cabe resaltar que en ese lugar hoy existe la sala de guerra, entre la guardia y el comando del Batallón.


Batallón San Mateo, 20 de Julio de 1981


Nuestro afiliado el Sargento (RA) Jairo Gamboa Gamboa, le contó a CREMIL la historia de la que hizo parte y la cual fue absolutamente significativa para los pobladores de Pereira:


"Entre los personajes claves de la historia estaba el Comandante del Batallón, mi Coronel Gustavo Pardo Ariza, y el Ejecutivo, mi Mayor Carlos León Gómez Matews, así como el Soldado designado para el aseo y alimentación del felino, a quien afectuosamente llamábamos Carenuche.


Corría el 20 de julio de 1981 y se celebraba en la ciudad de Manizales el desfile de las unidades tácticas de la Octava Brigada, por consiguiente, el Batallón se encontraba comprometido en el desfile patrio.


Aproximadamente a las 13:20 horas cuando el soldado se disponía a lavar el aposento y darle comida a Morgan, (como los niños de la ciudad bautizaron al león tras un concurso popular), en un descuido, el animal aprovechó que la puerta quedó abierta y se lanzó hacia afuera, el Soldado alcanzó a reaccionar, corrió tras el león y lo logró sujetar de la cola y el anca, en un desespero total por evitar que el león se fugara; luego trató de persuadirlo de su escape diciéndole “Morgancito, Morgancito, no se vaya”, pero el león le ganó en fuerza y se dirigió hacia el alojamiento de oficiales ubicado a escasos 40 metros de distancia; fue así que en cuestión de minutos la noticia se difundió por todo el cuartel y empezó a producir sus efectos. Mi Teniente Palencia Álvarez José Emiro, hoy CR (RA), quien estaba de Oficial de Servicio, ordeno a un grupo de soldados alertar puerta a puerta a todos los moradores en casas fiscales sobre el escape de la fiera y así tomar las precauciones del caso.


Yo terminaba de almorzar, vivía en casa fiscal y como era conocido por visitar al león, la señora del S.M. Montenegro Navarro, Doña Alith, quien vivía al frente mío, me pegó el grito ¡señor Gamboa, señor Gamboa, se salió el león!, fue así que tomé mi camiseta y salí corriendo hacia la guardia. Mientras tanto Morgan cruzaba por el hall de juegos del alojamiento, sorprendiendo a unos niños que jugaban pin-pong sin hacerles daño, apenas si les dio un vistazo.


En esa misma dirección está la piscina y justo a un lado se encontraban mi Mayor Henao Giraldo, Juez Penal Militar del batallón quien hacia gimnasia con pesas en compañía del cuñado de mi Teniente Palencia Álvarez, este último es quien clava sus ojos en el enorme animal y le exclama a mi Mayor, “Mayor ¿y es que al León lo dejan salir de la jaula?”; mi Mayor voltea a mirar y perplejo pega el grito para luego lanzarse a la piscina como medida de protección.


El León cruzó muy de cerca frente a los a los militares y llegó al alojamiento de oficiales por la zona trasera, encubriéndose entre los palos de café, matas de plátanos y la maleza propia del lugar, se ubicó diagonal al depósito de municiones y jadeante decidió tirarse al suelo, ya estaba cansado pues nunca había caminado tanto. Trepado a la rama de un árbol cercano, se encontraba mi Teniente Palencia, con los ojos clavados sobre el lugar donde estaba el león echado, me indico su ubicación y con cautela procedí a acercarme, me senté en el andén con los pies en el pasto, más o menos a dos metros y medio de distancia del felino, obviamente preocupado por lo que pudiera pasar y recuerdo que empecé a decirle “Morgan vámonos para la jaula” se lo dije tres o cuatro veces, así como otras tantas cosas para animarlo a regresar a casa.


Mientras tanto, en la esquina del alojamiento por donde ya había pasado el león, zona de la piscina, estaba mi Mayor de la Policía Jorge Ernesto Ferrero Echeverry, quien para ese entonces era mi comandante ya que hacíamos parte de una delegación deportiva militar del Comando General. Él llevaba una carabina y le estaba apuntaba al felino, a menos de 40 metros, con seguridad un flanco fácil. Yo le decía “tranquilo mi Mayor, guarde esa arma, tranquilo que yo lo convenzo”.


La alerta ya había llegado al zoológico y ellos consiguieron que varios de los hombres de un Circo, que para la fecha tenía su carpa ubicada a tan solo 10 cuadras del batallón, atendieran el llamado y se desplazaran a la Unidad. Ellos llegaron con una jaula metálica y de manera muy sutil, la arrimaron a unos 4 metros detrás del felino y procedieron a dispararle con una escopeta, un dardo en el glúteo, la idea era sedarlo y llevarlo de regreso a su hábitat. Pero no fue así, Morgan al sentir el disparo inmediatamente se paró y echo a correr atravesando la vía que va a los alojamientos y cuesta abajo, llego a una quebrada de aguas hervidas, llamada la dulcera. Junto a mi Teniente Palencia y el personal del zoológico corrimos hacia donde estaba el león quien de pie quedo atrapado entre un laguito al interior de la quebrada, la cual tenía barranco a lado y lado.


Allí procedieron a dispararle por segunda vez en la cadera, ya que al parecer el primer dardo no había surtido efecto, minutos después el felino dió muestras de mareo y lo enlazaron con una manila, no obstante por la fuerza que le aplicaron en el cuello, le empiezaron a salir bocanadas de sangre, hasta desplomarse. Sin pensarlo salí corriendo cuesta arriba mientras gritaba: ¡mataron al león, estos irresponsables del circo, mataron al león!; mi Teniente Palencia, se fue a buscar un camión y unos soldados para amarrar a la bestia y subirlo a la cima para que un veterinario lo atendiera en el helipuerto frente del depósito de municiones.


De un momento a otro, cuando lo transportaban en el camión, moribundo, el león rugió, provocando una estampida de soldados asustados, que saltaron del vehículo acelerando la muerte del otrora guardián de los pereiranos. De esta manera culmina la vida de la mascota insignia del Batallón San Mateo, protagonista de múltiples anécdotas que muchos guardan en su memoria; que en mi caso produjo un dolor muy inmenso y con toda seguridad llore al menos quince días su deceso ante la clara frustración de no haberlo podido salvar.


Todo el tiempo que lo tuve bajo cuidado lo acompañé, le conversé, metía mi mano entre la malla y le sobaba la cabeza, le llevaba helados y poco a poco me fui ganando su confianza durante unos cinco años.


Por supuesto algunos de mis compañeros no entendía esa relación, incluso cuando mi Coronel me pillaba en esas comentaba “Gamboa se está enloqueciendo” a lo que yo le respondía a Morgan “no le pare bolas que ellos no nos entienden”. Mi intención era convencer al personal de la Unidad, en especial a los soldados encargados, que había que tratarlo bien, darle puntualmente su comida, porque él entendía y diferenciaba el buen trato, incluso también había un chivo que caminaba todo el batallón y dejó anécdotas por doquier como para otro capítulo.


Por ello, 35 años después, con mucha nostalgia, recordamos el episodio, no sin antes agregar que esos depredadores en cautiverio, difícilmente superan los 20 años de vida, luego Morgan ya era “adulto mayor”, hoy ya reemplazado por otro felino del mismo zoológico, Morgan IV, quien goza de un nuevo hábitat, mucho más amplio (unas tres veces que el anterior) como lo pueden apreciar en la foto que acompaña esta nota y con doble seguridad para prevenir situaciones de riesgo.


Una vez Morgan falleció. Hubo dos “tigres” hermanos, hijos de león y tigre hembra que fueron reemplazados por el actual".


Atentamente


Sargento Primero (RA) Jairo Gamboa Gamboa Presidente Asomir.

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